Conductas difíciles: comprender qué hay detrás para acompañar mejor

Un grito repentino. Un portazo antes de sentarse a hacer los deberes. Un «no» que se repite diez veces, cada vez más alto. Momentos así ponen a prueba a cualquiera que acompañe a un niño, niña o adolescente.

Es lo que solemos llamar conducta difícil: gritos, bloqueos, oposición, impulsividad, rechazo a una tarea, dificultad para aceptar un límite, reacciones muy intensas ante situaciones que, vistas desde fuera, parecen pequeñas. Son comportamientos que pueden resultar realmente complejos de gestionar para quien está al lado.

Pero una conducta difícil no convierte a una persona en difícil.

La mayoría de las veces, lo que vemos es solo la punta del iceberg: una dificultad para regular una emoción, expresar una necesidad, comprender qué se espera, tolerar la frustración, adaptarse a un cambio o responder a una situación que en ese momento resulta demasiado exigente.

Por eso, especialmente cuando acompañamos a niños, niñas y adolescentes con TEA, TDAH, TDL u otros perfiles del neurodesarrollo, puede ser útil cambiar la primera pregunta.

En lugar de:

¿Cómo hago para que deje de comportarse así?

podemos empezar por:

¿Qué puede estar necesitando o comunicando a través de esta conducta?

Comprender no significa justificarlo todo ni eliminar los límites. Significa disponer de más información para poder acompañar mejor.

Una pequeña guía ante una conducta difícil

Estas cinco preguntas pueden ayudarnos a mirar la situación de otra manera.

1. ¿Qué ha ocurrido antes?

La conducta no aparece de la nada. ¿Ha habido un cambio inesperado? ¿La tarea era demasiado difícil? ¿Ha entendido lo que tenía que hacer? ¿Hay cansancio, frustración o sobrecarga?

Antes de interpretar una conducta, observar el contexto puede darnos muchas pistas.

2. ¿Necesita regularse antes de poder escuchar?

Cuando estamos muy enfadados, frustrados o desbordados, nuestra capacidad para escuchar, razonar o encontrar soluciones disminuye. Con los niños ocurre lo mismo.

En ocasiones, antes de explicar, corregir o buscar consecuencias, necesitamos ayudarles a recuperar la regulación. Podemos acompañar y mantener el límite al mismo tiempo:

«Veo que estás muy enfadado. No puedo dejar que pegues. Primero vamos a calmarnos y después lo resolvemos.»

3. ¿Cómo estoy yo?

Quien acompaña también se cansa, se frustra y puede perder la paciencia. Preguntarnos «¿cómo estoy yo ahora mismo?» puede evitar que respondamos automáticamente desde el enfado.

Regularnos primero no significa ceder. Significa intentar intervenir de una manera más consciente.

4. ¿La consecuencia que planteo ayuda a aprender?

Después de una situación difícil podemos preguntarnos qué queremos que aprenda de lo ocurrido. Si ha tirado material, puede ayudar a recogerlo. Si ha hecho daño, podemos pensar cómo repararlo. Si algo le ha desbordado, podemos buscar juntos qué podría hacer la próxima vez.

La consecuencia deja así de ser únicamente una forma de detener la conducta y se convierte en una oportunidad de aprendizaje.

5. ¿Qué habilidad necesita para la próxima vez?

A veces pedimos a un niño que «se controle», «pida las cosas bien» o «tolere un no» sin detenernos a pensar si dispone todavía de las herramientas necesarias para hacerlo.

Detrás de muchas conductas difíciles encontramos habilidades que aún se están desarrollando: regulación emocional, comunicación, autonomía, flexibilidad, tolerancia a la frustración o capacidad para pedir ayuda.

Quizá, entonces, la pregunta más útil sea:

¿Qué herramienta podemos enseñarle para que la próxima vez tenga otra forma de responder?

Comprender para poder acompañar

Podemos resumir esta mirada en un recorrido muy sencillo:

Observo → intento comprender → acompaño la regulación → mantengo el límite → enseño una alternativa.

No existe una estrategia que funcione siempre ni de la misma manera para todos los niños. Pero sí podemos cambiar el punto de partida: de controlar únicamente la conducta a intentar comprender a la persona que hay detrás de ella.

Porque acompañar con empatía no significa dejar de educar. Significa educar también en esos momentos en los que hacerlo resulta más difícil.

Si esto que acabas de leer forma parte de tu día a día, hay dos formas de seguir profundizando y llevar esta mirada a la práctica.

Para comprender mejor la conducta y aprender a intervenir

El curso Niños y adolescentes difíciles, con Helena Alvarado, profundiza en cómo analizar los problemas de conducta y emocionales y cómo intervenir ante situaciones complejas.

A través de estrategias de intervención, comunicación y relación, aprenderás a mirar más allá de la conducta visible, entender mejor qué está ocurriendo y disponer de herramientas para acompañar situaciones como la oposición, los conflictos, los miedos, la desmotivación o las dificultades de regulación.

→ Quiero profundizar en la intervención con niños y adolescentes

Para llevar esta mirada a situaciones concretas del neurodesarrollo

Si buscas un enfoque todavía más práctico, el 2 de octubre, Cristina García dirige el Taller práctico online de Disciplina Positiva aplicada a los trastornos del neurodesarrollo.

Un espacio para trabajar, a partir de situaciones reales, cómo comprender qué hay detrás de la conducta, acompañar la regulación, mantener los límites, buscar alternativas al castigo y favorecer progresivamente la autonomía, especialmente en niños y adolescentes con TEA, TDAH, TDL y otros perfiles del neurodesarrollo.

→ Quiero aprender a acompañar conductas difíciles

Detrás de una conducta difícil hay una persona que necesita ser comprendida. Y quien la acompaña también necesita herramientas.

Deja una respuesta