En la última década el concepto Respuesta a la Intervención (RTI) ha irrumpido en el campo de la pedagogía. Para aquellas personas que no se hayan familiarizado con el término, procedente de Estados Unidos (Response To Intervention), se trata de una metodología que contribuye a dar respuesta a las dificultades de aprendizaje y de atención de los estudiantes.

Mediante la evaluación continua de los conocimientos adquiridos, el modelo RTI facilita al docente información periódica sobre el progreso de todos sus alumnos. De este modo, el profesor puede detectar, de una forma empírica, quién necesita un apoyo educativo intensivo e intervenir para optimizar sus capacidades.

¿Qué es la Respuesta a la Intervención?

Si bien es cierto que la RTI se ha relacionado, a menudo, con competencias específicas en comprensión lectora y matemáticas, cabe destacar que se puede aplicar, sin ningún tipo de restricción, en los distintos ámbitos del conocimiento.

Es, sin duda alguna, un método interesante, porque no solamente fija la atención en la valoración prolongada del rendimiento del alumno, sino que implica también la adopción, por parte del profesorado, de una actitud flexible que fomente la realización de análisis críticos sobre la eficacia de las estrategias educativas empleadas.

Fases de la Respuesta a la Intervención

Entremos un poco en detalle. Según afirman los estudiosos, la RTI es un proceso metodológico que consta de tres fases.

En la primera, que implica a todo el alumnado, el profesorado imparte una serie de aprendizajes y, posteriormente, evalúa el progreso académico de todos los participantes.

En la segunda, ya con los resultados en mano, el docente asiste, en grupos reducidos, aquellos estudiantes que no han consolidado los conocimientos básicos.

Por último, la tercera y última fase está pensada para desarrollar planes de aprendizaje adecuados a las necesidades individuales de los alumnos que, durante la acción en pequeño comité, tampoco han interiorizado aquellos contenidos que el profesor ha querido transmitirles.

El objetivo final de este método de evaluación universal es mejorar la calidad educativa a través de acciones basadas en investigaciones llevadas a cabo en el aula.

Por lo tanto, lo más interesante de la RTI es que implica un cambio de perspectiva. El profesor ya no puede ser un mero agente pasivo, sino que con la metodología de la RTI debe implicarse en la prevención e intervención en situaciones de dificultades en el aprendizaje y la atención.

Su rol es activo: debe mantener su atención en los alumnos, indagar en la evolución pedagógica de cada persona y trabajar con las estrategias más útiles para su propósito, que en último término es que el alumnado aprenda y obtenga los frutos deseados.

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