A menudo se produce cierta confusión entre los conceptos «altas capacidades» y «superdotación». Es muy recurrente ver cómo ambos términos se emplean de una forma imprecisa, como meros sinónimos.

En realidad, no obstante, tanto las altas capacidades como la superdotación hacen referencia a situaciones muy concretas que en este artículo de Integratek te ayudaremos a clarificar. Tener en cuenta estos matices puede llegar a ser muy útil, sobre todo si, de algún modo, estamos vinculados al ámbito educativo.

La evolución de los modelos y conceptos de inteligencia

En primer lugar, hay que considerar que en ambos casos nos situamos, efectivamente, dentro de lo que hemos convenido denominar «inteligencia». Si bien en el pasado se pensaba en la inteligencia humana como una facultad de la mente unitaria y estática, en las últimas décadas se han consolidado los modelos y conceptos de inteligencia que la definen por su pluralidad y dinamismo.

La idea de que el Coeficiente Intelectual (CI) es suficiente para determinar nuestra inteligencia y nuestras posibilidades de éxito académico y profesional ha quedado totalmente obsoleta. Teorías como la de las inteligencias múltiples, divulgada ya en 1983 por el psicólogo e investigador norteamericano Howard Gardner, han evidenciado que no existe una sola forma de inteligencia (lingüística, musical, lógico-matemática, cinestésica, espacial, intrapersonal, interpersonal, naturalista), y que por ende se trata de un concepto que requiere de un análisis un tanto más complejo.

En esta línea, el también psicólogo e investigador español Antoni Castelló ha definido la inteligencia como una “constelación de capacidades irregulares que van variando a lo largo de la vida”. Es en este marco de complejidad en el que se han desarrollado conceptos tan distintos como las altas capacidades, la superdotación, el talento o la precocidad.

 

Las altas capacidades: fijar la mirada en diferentes potencialidades

Según recogen los documentos oficiales de distintas comunidades autónomas, el concepto de altas capacidades es interpretado, en la Ley Orgánica de Educación, como un término más genérico que el de superdotación. La clave para su comprensión es la potencialidad intelectual, vista desde una perspectiva muy amplia y heterogénea.

Podríamos afirmar, pues, que estamos ante un conjunto de personas que tienen en común unas características cognitivas particulares, que posibilitan su desarrollo intelectual, de una forma extraordinaria, en una o más materias. Se trata, por consiguiente, de un grupo muy variado, en el que tienen cabida la superdotación, el talento y la precocidad.

Por lo general, y aunque no sean las únicas estrategias para identificarlos, los alumnos con altas capacidades suelen obtener puntuaciones por encima de la media en un test de inteligencia general, pero también en pruebas concretas de aptitudes.

Como afirma Silvia Sastre, investigadora española especializada en psicología evolutiva, se trata de “perfiles intelectuales multidimensionales”, caracterizados por pensar, comprender y conocer “de manera diferente cuantitativa, pero, sobre todo cualitativamente respecto a los aprendices típicos”.

 

La superdotación: más allá de un coeficiente

Se ha tendido a relacionar la superdotación con un coeficiente intelectual superior a los 130 puntos en un test de inteligencia. Ésta ha sido una definición aceptada durante mucho tiempo por la Organización Mundial de la Salud (OMS). También se la ha relacionado con percentiles superiores a 75 en distintos tipos de inteligencia.

Ahora bien, más allá del posible interés de estas cifras, lo cierto es que la superdotación no puede ser entendida, exclusivamente, como un simple coeficiente. A lo largo de las últimas décadas, se han planteado múltiples modelos que pretenden contribuir a detectar, de una forma más compleja, la superdotación.

Es el caso, por ejemplo, del modelo de Renzulli o de los tres anillos, del modelo de Gagné, el modelo de Heller, el modelo de Ziegler, el modelo de Sternberg o el modelo de Stanley, entre otros.

Sea como sea, parece que existe un consenso en considerar la superdotación como el resultado de una configuración cognitiva que combina todos los recursos intelectuales, y que permite procesar la información muy eficazmente. Así pues, cubre un amplio abanico de materias. El talento, por el contrario, suele aludir a personas que desarrollan una habilidad especial pero solamente en ámbitos muy concretos.

Entre las características que se suelen asociar a los alumnos con superdotación cabe destacar una memoria privilegiada, la flexibilidad cognitiva, la capacidad de abordar nuevos retos intelectuales, una gran atención y concentración, una mayor facilidad para ser innovadores, etc.

 

La importancia de la motivación y de un trabajo educativo especial

Cuando hablamos de altas capacidades y de superdotación, no hay que menoscabar el papel de la motivación. En el caso de este tipo de alumnos, es muy importante llevar a cabo un trabajo educativo especial, adaptado a sus necesidades. Al fin y al cabo, las altas capacidades y la superdotación son potencialidades. Esto quiere decir que no garantizan, por sí mismas, el éxito curricular, o el desarrollo educativo y humano que deseamos.

Según el psicólogo educativo norteamericano Joseph Renzulli, por ejemplo, el alumnado superdotado cuenta con “un buen sistema de tratamiento de la información (inteligencia elevada), una alta originalidad y pensamiento divergente (creatividad) y con la motivación suficiente para garantizar la materialización de su potencia (implicación en la materia)”. Esta motivación suficiente, pero, es fundamental que se trabaje en el aula. Valores como la motivación o la implicación son igual de importantes para la educación de las personas con altas capacidades y las personas superdotadas.

Nuestro trabajo pedagógico, en consecuencia, debe de tener en cuenta un desarrollo evolutivo a lo largo de la vida, y la influencia del contexto (familia, centro educativo, amistades, etc.) en el que esta persona se encuentra.

 

La necesidad de distinguir estos conceptos

Como hemos podido comprobar, las altas capacidades y la superdotación no son exactamente lo mismo, aunque puedan ir de la mano. En el caso de las altas capacidades, se refiere a una situación cognitiva más general, en la que se pueden localizar superdotados, talentosos y precoces (personas que adquieren una habilidad antes de lo previsto). La superdotación, por ende, es uno de estos casos concretos, que como hemos demostrado va más allá de un número en un test de coeficiente intelectual.

Saber distinguir estos conceptos es el primer paso para reconocer estas situaciones personales, que pueden darse en el aula, y empezar a concienciarse sobre la atención y la educación especial que merecen.

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