Según la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la dislexia es “un trastorno cuyo rasgo principal es una dificultad específica y significativa en el desarrollo de las habilidades para la lectura”. Por esta razón, suele conllevar ciertos obstáculos en el aprendizaje y en el rendimiento académico de las personas. Hay que tener en cuenta que el alumnado con dislexia representa el 80% de los diagnósticos de trastornos del aprendizaje que se dan en el ámbito educativo.

Los problemas derivados de la dislexia se pueden manifestar en diferentes áreas del conocimiento, como las relativas al pensamiento, el habla, la lectura, la escritura, el deletreo o el manejo de signos matemáticos. Así pues, afectan, por lo general, a las dinámicas de la gran mayoría de las asignaturas. Es algo que no podemos ignorar, a la hora de abordar estos casos particulares.

Aunque a veces se hayan creado confusiones al respecto, no se trata de un trastorno que se limite a las edades correspondientes a la enseñanza primaria, sino que también se diagnostica entre el alumnado de cursos más avanzados, como los referentes a la enseñanza secundaria, y en adultos.

En este artículo de Integratek nos hemos propuesto facilitarte, de una forma breve y clara, una serie de consejos básicos para tratar, pedagógicamente, un caso de dislexia desde un aula de enseñanza secundaria.

 

Comunícate con el alumno diagnosticado de dislexia y transmítele confianza

La comunicación entre el alumnado y el profesorado es clave, en general, en la enseñanza, y en especial en el caso que nos ocupa. Es importante que los docentes sean conocedores de las dificultades en el aprendizaje de su alumno diagnosticado de dislexia, y que le demuestren su apoyo. Del mismo modo, si se detectan algunos síntomas de dislexia, es importante que se derive a un especialista, que analice la situación.

Hay que evitar, evidentemente, cualquier posible situación de burla por parte del resto de compañeros. De hecho, comunicar la situación a los demás, para que entiendan que no se da un trato de favor, sino que estamos ante una necesidad educativa, puede tener efectos positivos.

    El uso de medios digitales nos puede ayudar

    Los recursos tecnológicos digitales tienen cada vez más presencia en el aula. Por ejemplo, los ordenadores portátiles. Eso puede facilitar enormemente el trabajo de las personas disléxicas. Al fin y al cabo, si toman apuntes mediante un procesador de textos, estos programas ya disponen de correctores lingüísticos, que pueden contribuir a sus tareas, y que corrigen determinados problemas relacionados con la escritura.

    La situación en el aula también es importante para evitar distracciones

    No es lo mismo, en una clase, sentarse al principio de todo que al final. Lo sabemos de sobras, por experiencia. Reservar, por ende, un lugar en primera fila, para la persona con dislexia, puede disminuir el riesgo de que se deje llevar por otros estímulos que lo distraigan. No estar situado al lado de la ventana, en caso de que la haya, también ayuda, en este sentido.

    Trucos y abreviaturas para memorizar mejor las cosas

    La dislexia, como hemos visto, suele afectar a la memorización. Puede ser interesante trabajar, individualmente, con el alumno en cuestión, técnicas mnemotécnicas concretas. Las abreviaturas, y otros recursos creativos, pueden ser una forma de potenciar la memorización de los contenidos, por parte de la persona disléxica.

    Refuerza positivamente las habilidades del alumno

    El trabajo psicológico también es fundamental, ante una dificultad de estas características. Y con todavía más razón en edades como las que suele tener el alumnado de secundario. La autoestima es un factor transcendental en el aprendizaje.

    Decimos todo esto porque reforzar positivamente las habilidades del alumno es una buena estrategia para fomentar el aprendizaje. Hay que considerar que las personas disléxicas, ante sus dificultades añadidas, pueden sentirse peor, o menos capaces. Es importante revertir esa posible sensación.

    Establece, si es conveniente, unos criterios de avaluación individualizados

    Si se considera oportuno, se pueden establecer unos criterios de avaluación individualizados, que se adapten al trastorno que sufre la persona con dislexia. De este modo, se pueden fijar, por ejemplo, exámenes de tipo oral, así como también fijar unos objetivos básicos de cada unidad temática.

    Otras alternativas interesantes pueden consistir en ser menos exigente con las faltas ortográficas de la persona diagnosticada, que inevitablemente las comete, cuando se expresa, o bien permitir más tiempo para culminar la prueba.

    Acompaña a los alumnos en la elección de las asignaturas y su itinerario curricular

    En la enseñanza secundaria el alumnado tiene la posibilidad de escoger algunas asignaturas, que empiezan ya a dibujar la dirección de su itinerario curricular. Puede ser positivo que el profesorado acompañe a los alumnos diagnosticados de dislexia en la elección de estas asignaturas, para que su programa de estudios se adapte lo máximo posible a sus inquietudes y necesidades.

    Existen recursos digitales específicos para tratar la dislexia

    Las nuevas tecnologías nos ofrecen nuevos recursos para tratar la dislexia. Las opciones, en esta línea, son muchas y variadas. Así, por ejemplo, programas como Katamotz ayudan a trabajar problemas de lectoescritura. También existen aplicaciones móviles con ejercicios para mejorar la comprensión y la escritura, como Dyseggxia

    Limitar las tareas que tenga que realizar el alumno en casa

    Las personas disléxicas tienen, a menudo, dificultades para organizar el tiempo y las tareas. Siendo conscientes de esta particularidad, puede ser beneficioso plantear aquellas tareas estratégicas para su aprendizaje y desarrollo, y no cargar demasiado al alumno con ejercicios.

    Mantener un contacto directo con el alumno y con sus padres

    Escucha activa, refuerzo del talento del alumno diagnosticado de dislexia, utilización de recursos para facilitar el aprendizaje o confianza son algunos de los conceptos que hemos tratado en estas recomendaciones sucintas. Ahora bien, conviene que remarquemos, para terminar, la cuestión comunicativa.

    No solamente con el alumno, como decíamos en el primer punto, sino también con los padres. Fijar estrategias conjuntas, entre las tres partes, puede contribuir a mejorar el rendimiento académico del alumno y sus procesos de aprendizaje.

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