7 pasos para detectar el TEA

El Trastorno del Espectro del Autismo (TEA) es un trastorno del neurodesarrollo, con una base genética significativa, caracterizado por dificultades en la interacción social recíproca, intereses restringidos y patrones de conducta repetitivos y estereotipados. En Europa, los últimos datos de prevalencia de TEA se sitúan en el 1-2%.
El TEA es un espectro muy amplio que se manifiesta de forma muy diferente en cada persona teniendo en cuenta el sexo, la capacidad cognitiva y el contexto, entre otras variables. Las personas con TEA pueden tener una inteligencia muy variable, que va desde la discapacidad intelectual a las altas capacidades.
Los primeros síntomas se pueden detectar ya en los primeros años de vida, pero pueden ir variando a lo largo del desarrollo. La detección precoz es esencial tanto para compensar las dificultades derivadas del trastorno como para minimizar las consecuencias del mismo de forma evolutiva.
Entonces, ¿cuáles son los signos de alerta que nos deben hacer sospechar un posible TEA?
A continuación, se exponen 7 indicadores que nos pueden hacer sospechar que un niño o adulto presenta este perfil de funcionamiento:

1. Pobres habilidades sociales

Las personas con TEA pueden tener dificultades para relacionarse con los demás, comprender el entorno y desenvolverse en determinadas situaciones sociales. Algunas de estas dificultades se manifiestan en:

• Acercamientos sociales inusuales o inadecuados para iniciar o reaccionar ante interacciones con otras personas.
• Problemas para adaptar el comportamiento a distintos contextos o situaciones sociales.
• Dificultades para comprender las reglas sociales implícitas o “no escritas”.
• Dificultades para entender o expresar las emociones de forma ajustada al contexto o a la situación.

2. Dificultades en la comunicación

La comunicación aparece, evolutivamente, de forma previa al lenguaje. Primero nos comunicamos (mediante la mirada, los gestos, la postura, etc) y, después, surge el lenguaje como herramienta que nos permite perfeccionar nuestras habilidades comunicativas.
El déficit en las habilidades comunicativas pueden incluir: dificultad para establecer y mantener el contacto visual y hacer un uso adecuado de los gestos, dificultad para sostener una conversación recíproca (pueden hablar mucho, pero no comunicar; pueden hacer monólogos sobre sus temas de interés, pero no escuchan, no muestran interés ni dialogan con el otro), tendencia a interrumpir, realización de comentarios socialmente inadecuados o con poco tacto, prosodia y tono de voz alterados, etc.
Así mismo, las personas con TEA pueden experimentar dificultades para deducir el significado de gestos o expresiones faciales de otras personas, así como de otros elementos relevantes para la comunicación (contacto ocular, postura corporal, etc.), lo que puede conllevar algún malentendido.
En ocasiones, también ocurre que las personas con TEA no responden cuando las llaman por su nombre, lo que puede llevar a pensar inicialmente en un problema de audición.

3. Dificultades en el lenguaje

Las habilidades lingüísticas varían mucho de una persona con TEA a otra. Podemos encontrar desde personas con TEA con ausencia de lenguaje verbal hasta personas con un lenguaje muy culto y sofisticado. En general, a pesar de que haya presencia de lenguaje, éste se suele presentar con diferentes alteraciones y peculiaridades. Por ejemplo:
• Lenguaje repetitivo y estereotipado: tendencia a repetir las mismas expresiones de forma reiterada. Pueden repetir lo que dice otra persona o lo que escuchan en la televisión, por ejemplo, de forma inmediata (ecolalia inmediata) o de forma demorada (ecolalia demorada)
• Lenguaje descontextualizado: pueden hacer comentarios fuera de lugar o que no tienen que ver con el contexto o situación social en la que se encuentran.
• Lenguaje literal y concreto: dificultad para interpretar bromas, ironías, metáforas y dobles sentidos. Tendencia a emplear un lenguaje muy concreto y literal, sin incluir elementos emocionales (“estoy contento…”, “me ha parecido muy divertido…”).
• Lenguaje precoz y muy elaborado: en ocasiones, las personas con TEA desarrollan desde edades muy tempranas una habilidad excepcional para el lenguaje, que hace que familiares y maestros los describan como “pequeños adultos”. Pueden incluso aprender a leer de forma autodidacta a edades muy tempranas (2-3 años), sobre todo si su área de interés son las letras.

4.  Intereses y conductas inusuales y/o repetitivos

Un niño con TEA suele tener intereses inusuales o poco frecuentes en niños de su edad. Además, suelen ser repetitivos y no compartidos con sus iguales. Pueden dedicar mucho tiempo a estos intereses, profundizando hasta tal punto que llegan a acumular grandes cantidades de información sobre los mismos. Algunos ejemplos podrían ser: mapas, vehículos, mecanismos de determinas máquinas o electrodomésticos.
A menudo, las personas con TEA presentan manías (tener que colocar los objetos de una determinada forma), rituales (tener que hacer las cosas en un determinado orden), y obsesiones, que interfieren de forma significativa en su funcionamiento cotidiano.
También pueden mostrar estereotipias y autoestimulaciones como el balanceo, el movimiento de aleteo de manos o caminar de puntillas, entre otros.

5. Dificultades en funciones ejecutivas: rigidez, falta de atención, impulsividad…

Las funciones ejecutivas engloban un amplio conjunto de funciones de autorregulación que permiten el control, organización y coordinación de otras funciones cognitivas, respuestas emocionales y comportamientos. Incluyen aspectos como la planificación, inhibición de respuestas, flexibilidad, atención y memoria de trabajo, entre otros.
El déficit en las funciones ejecutivas es común en las personas con TEA, manifestándose en aspectos como por ejemplo:

• Dificultades para adaptarse a los cambios o a situaciones imprevistas, que puede suponerles un gran esfuerzo y generarles malestar o ansiedad. Dificultades para responder de manera flexible a las demandas de los diferentes contextos y ajustar su forma de pensar. Rigidez.
• Insistencia en que las cosas sucedan siempre de la misma manera, mostrando patrones de comportamiento rígido y repetitivo (manías, y rituales que les proporcionan seguridad…).
• Problemas para focalizar y mantener la concentración, a excepción de aquellos temas que son de su interés, donde pueden mostrar una habilidad normal, o incluso superior, de concentración, y memoria.
• Dificultad para inhibirse y autoregularse, mostrándose impulsivos.

6. Alteraciones sensoriales

Algunas personas con TEA presentan alteraciones en el procesamiento de los estímulos sensoriales, que se puede manifestar tanto en hipersensibilidades a determinados estímulos como en intereses sensoriales inusuales.
Respecto a las hipersensibilidades, a menudo manifiestan un malestar intenso ante determinados sonidos, olores, luces, sabores o texturas, lo que les puede generar elevados niveles de ansiedad o evitación de determinadas situaciones o estímulos.
En el caso de los intereses sensoriales inusuales, podemos observar un interés inusual en aspectos sensoriales del entorno (como insistencia por oler o tocar determinadas cosas), fascinación por luces, objetos brillantes o que giran, o indiferencia aparente al dolor o a la temperatura.

7. Trastornos asociados

Dado que la TEA es un trastorno de neurodesarrollo con bases genéticas compartidas con otros trastornos o condiciones, a menudo se puede presentar asociado a:
-Trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH)
-Trastornos de aprendizaje (dislexia, discalculia…)
-Trastornos afectivos (ansiedad, depresión…)
-Trastornos del lenguaje
-Altas capacidades
-Síndrome de Tourette

La evidencia científica demuestra que la detección e intervención de forma temprana mejoran el pronóstico de las personas con TEA de forma significativa, incidiendo sobre su calidad de vida personal y familiar. Por tanto, si conoces a una persona o un niño que presente un importante número de estos síntomas, es preciso informar y buscar un especialista que descarte o confirme un posible TEA.

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